La increíble historia de Marcelino y Anika

Él de español, ella holandesa. Él no es budista, ella… No dice si es budista o no, tampoco ha comentado algo al respecto. Ambos parece que no tengan nada en común… aparentemente. Marcelino y Anika, o Anika y Marcelino han querido voluntariamente acceder a dar su opinión y, es más, a propuesta de Anika de hacerlo conjuntamente. Obviamente, es una estupenda oportunidad para descubrir que en el fondo, todos, por muy dispares que seamos, tenemos algo en común.

Esta es ya, la tercera y última entrevista a los asistentes realizada durante la exposición de Maitreya Loving Kindness Tour (Gira del Amor Bondadoso) que se celebró los pasados 11, 12 y 13 de diciembre de 2015. Mientras nos disponemos a empezar con el turno de preguntas y respuestas, presenciamos el final de la exposición y quizás uno de los momentos más reveladores. A pesar de la intensidad de la programación de las tres jornadas y de la cantidad de personas que van y vienen, que vienen y van, unos ordenan, otros ayudan a limpiar y recoger, desmontar, empaquetar, etc.  Claramente, es un trabajo de no de equipo, sino de equipazo. Cada cual ayuda en lo que puede, se establecen jerarquías apalabradas, sin presiones, sin el clásico “yo hago más que tú” o “anda qué morro tiene este que no ha parado de….”. Y lo más impactante de todo es que este equipazo lo forman más de 40 personas de voluntarios que dedican su tiempo, su saber hacer en algo, su “lo que sea que pueda servir de ayuda, por pequeña que parezca”.

Así que en medio de todo el barullo, nos ponemos manos a la obra con este 2×1 y vamos allá con la entrevista a Anika a la que se ha sumado Marcelino.

Beatriz: ¿Cuál es vuestra procedencia?

Anika: Yo he nacido en Edimburgo (Bélgica), pero soy holandesa.

Marcelino: Nací en Madrid, pero resido en Málaga.

Beatriz: ¿Por qué habéis decidido venir? ¿Qué ha hecho desplazaros desde vuestra residencia a esta ocasión tan especial?

Anika: La primera vez que fui a visitar las reliquias, me había invitado un amigo de Londres, que es un estudiante de una persona sabia, de origen americano, que se llama Hawkins. Este señor dice que estando con las reliquias, uno está bendecido. Entonces vine aquí para visitar las reliquias y para hacer meditación también.

Me quedo perpleja al volver a oír este nombre, el mismo que han dicho Neah y Chris, en la primera entrevista del día, durante la mañana. Será que no hay gente en el mundo, estudiosos, escritores, divulgadores, profesores… y citan al mismo nexo, a la misma persona, que quizás, sin saberlo, ha sido un puente entre muchas otras.

Marcelino: Pues, casualmente, me encontré en un hilo conversacional de Facebook, también de un grupo del doctor David Ramón Hawkins,  en el que las reliquias iban a estar aquí, en Valencia. Y leí un poco más, me informé del significado de las reliquias y, claro, le vi una importancia e interés para decir, bueno pues es una buena oportunidad para ir y conocerlas, estar con ellas.

Beatriz: ¿Ha sido tu primera visita a la exposición de las reliquias? ¿La has visitado en otras ocasiones?

Marcelino: Estuve en Valencia el fin de semana pasado y ya me quedé en Valencia cuatro días para visitar un poco la ciudad y, después, venir aquí a Ontinyent.

Beatriz: ¿Cómo resumiríais, en pocas palabras, esta experiencia, estos días aquí?

Marcelino: Desde el primer momento ha sido… Bueno he descubierto el pueblo, es muy bonito, porque vine un día antes. Entonces me fui a ver el nacimiento de un río, que es el Pou Clar, que creo que da nombre al río Clariano y eso ya lo había deseado. De entrada, llego y se me cumple un deseo o algo me hacía mucha ilusión, la visita al Pou Clar. Después conocer el pueblo, que tiene muy buena gastronomía. Y luego, ya desde lo que es estar en contacto con las reliquias pues es como un oasis de paz. Te llega una paz que escapa a tu entendimiento. Esto fue el principal hilo tanto en Valencia como aquí en Ontinyent. Es una situación, estado de paz realmente maravilloso.

Anika: Lo que ha sido muy importante, para mí, es que me he sentido muy integrada y acogida. La gente ha sido muy amable. El primer día me tocó mucho y, por supuesto, de las reliquias, si te abres a ellas estás sanando. Cuando estoy con las reliquias siento que están sanando. Y la alquimia con los voluntarios fue muy especial para mí, aquí. Han sido muy cariñosos, cálidos. Ha sido algo especial. Por supuesto que fue como una coincidencia que vine como voluntaria, porque en Valencia ven. Paloma fue tan amable y me hospedaron y me convertí en el de chófer de las monjas, tengo mi tarea (ríen ambos).

Beatriz: ¿Qué sensación, de estos días, os gustaría guardar siempre con vosotros?

Anika: Pienso que lo más importante para mí que me llevo es una paz y una sabiduría. No importa qué pasa en tu vida que de cada cosa que no te gusta tanto siempre hay una raíz y no lo ves. Estás trabajando, estás cocinando, haces tus cosas pero cuando tienes tiempo para mirar un poco más al fondo, dentro de ti mismo, vas a ver lo que está pasando verdaderamente. Y eso es muy liberador.

Marcelino: Estoy todavía un poquillo… digamos, digiriendo todo esto, sí, pero el Budismo merece mucho respeto porque yo no soy budista. He descubierto algo del Budismo y me merece todo el respeto. Vamos, que le he cogido mucho cariño – mostrando un gesto amable en su rostro.-  Me ha venido un mensaje muy bonito y muy compasivo y sobre cómo trabajar más por el beneficio de los otros.

Anika: El Budismo habla mucho sobre la paz y cuando uno viene de una familia en donde, hay mucha agresión… – comenta mientras observo su gesto mirando hacia un punto alto y con expresión pensativa.-

Beatriz: ¿Conflicto?

Anika: No solamente conflicto. Vengo de una familia en donde, realmente, hay mucha agresión y no solamente conflicto, sino… peleas.

Este no es el final de nada, quizás sólo sea la última entrevista realizada el último día de la exposición, pero nada más. Las reliquias, o ringsels, se van las personas que han pasado por aquí también, y, por supuesto, nosotros a retomar los quehaceres de la vida. El mundo no ha parado, nada ha dejado de ser más o menos importante, solamente, ha sido una experiencia digna de haberla vivido y lo mejor, es que cada uno tenga la libertad de opinar, sentir, expresar o de recordar lo que quiera; sin imponer o dañar.

Lo único que puedo decir es: GRACIAS por todos los momentos y esos instantes imperceptibles, a todas las personas que me han dado la oportunidad de conocerlas, aunque sea un poquito, y de querer participar en algo que, en su gran mayoría, iba surgiendo poco a poco y sin planificación previa.

 

 

 

 

 

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